Después de
la graduación había nuevos retos. ¿Qué hago ahora? ¿Cómo voy a pagar mis
cuentas? ¿Esta carrera que estudié me hará feliz? ¿Me caso? ¿No me
caso?
Había expectativa y resurgía la pregunta por la identidad. Ya no soy estudiante. ¿Cuál es mi identidad? Ahora es la profesión que empieza a definirnos. Soy médico, soy ingeniero, soy futbolista, soy artista…. Esta identidad reemplaza la identidad de antes, y nos da cierta reputación.
Llegó el tiempo de casarse. Nos unimos a alguien con la convicción que esta persona nos haría feliz. Pero en el matrimonio, muchas veces se mezclan dos identidades confundidas que chocan entre si. Y cuando nos acomodamos vienen los hijos. Nuevamente cambia la perspectiva. Las mujeres se convierten en madres, los hombres en padres de familia. Hay nuevas cargas y preocupaciones. Y te preguntas: ¿Adónde se fueron mis sueños? Los hijos determinan la hora que duermes, si sales o no sales, dónde y qué comes. Tus hobbies ya no son tus hobbies. Estás demasiado cansado para ellos. Y todos tus planes cambian si se enferman.
Finalmente los hijos crecen y se van. ¿Quién soy ahora? Me quedo sólo con alguien que se ha convertido en un extraño a mi lado.
Cuando repasamos nuestra vida de esta manera estamos permitiendo que otros o las circunstancias nos definan. La Bibla tiene otra forma de vernos. Dios ha dicho de manera clara en Su palabra quienes somos. Si abrazo esta identidad, me ayuda a acomodarme a cada etapa o circunstancia de la vida.
(extracto de la prédica del domingo 20 de abril de 2013 – Ps Pedro)
Había expectativa y resurgía la pregunta por la identidad. Ya no soy estudiante. ¿Cuál es mi identidad? Ahora es la profesión que empieza a definirnos. Soy médico, soy ingeniero, soy futbolista, soy artista…. Esta identidad reemplaza la identidad de antes, y nos da cierta reputación.
Llegó el tiempo de casarse. Nos unimos a alguien con la convicción que esta persona nos haría feliz. Pero en el matrimonio, muchas veces se mezclan dos identidades confundidas que chocan entre si. Y cuando nos acomodamos vienen los hijos. Nuevamente cambia la perspectiva. Las mujeres se convierten en madres, los hombres en padres de familia. Hay nuevas cargas y preocupaciones. Y te preguntas: ¿Adónde se fueron mis sueños? Los hijos determinan la hora que duermes, si sales o no sales, dónde y qué comes. Tus hobbies ya no son tus hobbies. Estás demasiado cansado para ellos. Y todos tus planes cambian si se enferman.
Finalmente los hijos crecen y se van. ¿Quién soy ahora? Me quedo sólo con alguien que se ha convertido en un extraño a mi lado.
Cuando repasamos nuestra vida de esta manera estamos permitiendo que otros o las circunstancias nos definan. La Bibla tiene otra forma de vernos. Dios ha dicho de manera clara en Su palabra quienes somos. Si abrazo esta identidad, me ayuda a acomodarme a cada etapa o circunstancia de la vida.
(extracto de la prédica del domingo 20 de abril de 2013 – Ps Pedro)

